El papel y posición de los poetas ahora y mañana Por Dr. Lit Víctor Nolberto Unyén Velezmoro (*)

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El papel y posición de los poetas ahora y mañana
Por Dr. Lit Víctor Nolberto Unyén Velezmoro (*)

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El presente es la continuidad del pasado y camino hacia el porvenir, por lo tanto, existe entre estas fases de tiempo una ligazón indesligable la una de las otras; porque los errores o éxitos del ayer, son las experiencias del hoy, del momento actual; de igual modo, son los caminos, las rutas, las oportunidades que nos brinda la vida hacia la materialización de nuestras inquietudes, esperanzas u objetivos, o al mismo tiempo, la vía hacia el fracaso.
El poeta, ya sea el que utiliza la pluma, el pincel, o alguna disciplina que sepa interpretar el canto de los pájaros, el perfume de las flores el transcurrir de las aguas, el radiante amanecer de un día de campo o de la bahía; a través del tiempo, debido a su fina sensibilidad ha sabido remontar las dimensiones tridimensionales para penetrar en la dimensión del espíritu, recoger en ella, las visiones que le han permitido plasmar en el pergamino, el lienzo, la cartulina o una simple hoja de papel; su creación, producción, síntesis de lubricación mental, de correlación entre la materia y el espíritu, del cuerpo con el alma; obra creadora que ha permitido a unos inmortalizarse, para bien o para mal.
Tenemos por ejemplo a César Abraham Vallejo Mendoza, el poeta genial de los “Heraldos Negros”, “Trilce”, “Poemas Humanos”, “España aparta de mí este cáliz”: “Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no se”, que “pasó ignorado y desconocido por las calles de Lima”, como nos dice “El Amauta” José Carlos Mariátegui, el autor de los “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”: “Vallejo es el poeta de una estirpe, de una raza”, pues en su obra se encuentra impregnado el mundo afectivo, telúrico, muy propio de su personalidad sensible y comprometida.
Hoy, todos reconocemos en Vallejo, como uno de los poetas universales del idioma castellano, con Rubén Darío de Nicaragua y Pablo Neruda de Chile. Pero Vallejo tuvo para ello que morir en París, enfermo y abandonado, para recién empezar a reconocérsele su genio creador. Sino recordemos a Vallejo en sus comienzos, cuando, Clemente Palma se atrevió a analizarle su poema “El poeta a su amada”. “¿A qué diablos llama Ud., los maderos curvados de sus besos? ¿Cómo entender eso de la crucifixión? ¿Qué tiene que hacer Jesús en esas burradas más o menos infectas … Hasta el momento de largar al canasto su mamarracho, no tenemos de usted otra idea, sino la deshonra de la colectividad trujillana”; opinión que tendría posteriormente Palma de lamentarse, porque en su momento no supo interpretar y adentrarse en la profundidad del sentimiento y capacidad innovadora del poeta de los Andes. Mientras tanto otros críticos, como Xabier Abril nos dice: “la obra de Vallejo es la de un clásico moderno. El pueblo del porvenir encontrará en ella la ternura de una cantera inagotable”. ¡Hay, hermanos, muchísimo por hacer!.
Si entre los poetas, los que producimos poesía, no nos podemos comprender, o los llamados críticos literarios no pueden interpretar los mensajes profundos del alma que en cada obra queremos plasmar, ya que cada uno de nosotros somos un mundo complejo, que difiere del entorno en la que nos desarrollamos, de la raza, costumbres, religión, ideología, en fin, de cada uno de los aportes que al final nos hace convertirnos en hombres.
Elevado el poeta a la condición de visionario, producto de su fértil mundo interior, que muchas veces se adelanta al porvenir, leyendo en la ruta de los misterios más allá de los sentidos corporales, entonces, el poeta, tiene una misión muy elevada y comprometida que cumplir, con él mismo como hombre, la sociedad, su pueblo, con el mundo donde vivimos.
Porque la opinión del político, por ejemplo, es visto desde esa óptica como la opinión de un político, que se ve circunscrita muchas veces a las circunstancias que el momento les impone. O la del científico, riguroso en su análisis, en la experimentación y en las leyes que rigen al mundo, a los fenómenos físicos, químicos y biológicos; de la exactitud, de lo matemático. El poeta, se eleva sobre esos moldes rigurosos de la ciencia y la tecnología, de la ambigüedad de la política, para penetrar sin compromiso alguno en el campo virgen del espíritu, para cantarle al amor, a la paz, a la belleza, a la naturaleza, a los sentimientos varios; pero al mismo tiempo debe asumir la responsabilidad de la denuncia contra las injusticias, el abuso, la corrupción, y que su arenga sea un canto de esperanza hacia un futuro más justo y solidario. Aunque por ello, muchas veces incomprendido ha tenido que soportar injustas cárceles, destierros de la patria amada, marginaciones sociales, odio, enfermedad y muerte.
En síntesis, el poeta de ahora y de siempre, debe ser aquel, que emergiendo de las brumas de la imaginación, tome conocimiento de la realidad cotidiana, en perfecta simbiosis con las mentes preclaras y la energía de los trabajadores, se convierta en el conductor de las luchas reinvidicatorias hacia la consecución de los objetivos y aspiraciones más nobles de su pueblo.
(*) Palmas Magisteriales Grado de Maestro
Director de IFLAC en Perú
Delegado Honorario y Embajador de la Paz de IFLAC en Perú.
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victorunyeniflacperu@outlook.es

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